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Capítulos

Os he hablado de mi primera novela: La desobediencia de los significados. Mi correctora de estilo me ha convencido para que el texto lo estructure en capítulos. Creo que lleva razón. El lector se sentirá más animado ante un texto secuenciado que ante un relato denso y sin rendijas por donde entra aire fresco.
Mi novela Cien pedazos -por ahora es la única que he publicado- ha funcionado bien con esa estructura. Está dividida en cien capítulos, aunque tengo que decir que no toma el nombre de Cien pedazos por esta razón sino por otra muy distinta. Hay que leerla para saber por qué se llama Cien pedazos.
Ahora, después de diez años de haber escrito La desobediencia de los significados, la he retomado para seccionarla en capítulos. Hay que hacerlo con coherencia y sin que esto suponga herir la novela. Lo estoy haciendo con la intención de dar valor añadido literario a la obra.
No es fácil meterse de nuevo en una historia escrita hace años. Pero reconozco que lo estoy pasando muy bien.

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La desobediencia de los significados

Mi primera novela se apunta a la desobediencia como táctica de la supervivencia. La desobediencia cobra autonomía y escapa al control de las personas. Desobedecen las emociones y los sentimientos, pero también las palabras y la suerte y la semántica y las leyes naturales y escritas.


Tanto es así, que el broche de esta idea lo pone la repentina conversión del invierno en primavera. 


COMIENZA ASÍ:





LA MAÑANA
Han cantado los gallos, inquilinos atentos de la madrugada, bocinas de la aurora, primeros bullidores del alba. Han pregonado otro despertar, los mismos bostezos, el mismo sol. El sol, lanzado por una perezosa catapulta, comienza a asomarse por oriente, con los ojos colorados todavía y la zancada larga, como un redondo Rey Mago camino del Portal de la mañana. Y salta la mañana retozona y ágil como una mirla en la maleza, y va dibujándonoslo todo al mismo tiempo, muy fresquita, como un pez recién sacado del cañal, como el agua de una fuente escondida entre zarzas flageladoras. Es el amane…
GRASA. Primera parte: Ellas y ellos Volvió al salón y acomodándose en el sofá de color crema siguió viendo la televisión dando saltos de la mano del mando. Acabó quedándose en un documental sobre el final de la Segunda Guerra Mundial. <<Siempre hay imágenes inéditas. Parece como si la Segunda Guerra Mundial hubiesen sido muchas guerras. Como si no se hubiera acabado todavía>> —pensó.El cansancio no perdona; aquellas imágenes bélicas en blanco y negro mostrando a través de la ventana de plasma edificios derruidos; personas esqueléticas sin el más mínimo signo de pudor por aquella indigna desnudez; las gratificantes —perdón— agresiones de venganza; el puro incombustible de Churchill... ¡Siempre lo mismo de esta guerra eterna! Sí, también ella fue derrotada pero por el sueño. Despertó al rato con la voz gritona de una señora con pinta de falsa bruja echando las cartas adivinatorias del tarot en un canal de televisión incontrolado. <<Cómo podía haber personas que perdie…

CORRIGIENDO Y AVANZANDO EN MI NUEVA NOVELA: GRASA

Como no vivo de la literatura tengo un plan de trabajo como escritor bastante anárquico. Es decir, escribo o corrijo cuando puedo. Esto es igual que andar con el coche con el freno de mano echado. Pero lo importante nonunca constancia sino ser perseverante. El maestro Cela postulaba que el que resiste gana.
Corregir desgasta. Se trata de una pelea interminable entre tu y las palabras, lás posibles palabras. Digo pelea porque casi nunca esta claro cuál has de utilizar. Escribir es tomaar decisiones continuamente. ¿No es apasionante? No creo que exista otro trabajo donde se tomen mas decisiones por minuto.